El archivo va directamente de tu navegador al navegador del destinatario. Nunca acaba en nuestros servidores: solo pasamos un sobre cifrado con la descripción de la conexión para que los dos navegadores se encuentren. No vemos ni el archivo, ni su nombre, ni la dirección de ninguna de las partes.
Elige los archivos, entrega el enlace y no cierres la pestaña mientras dure la transferencia.
El enlace vive diez minutos. La transferencia es directa: el archivo nunca aparece en nuestros servidores.
Los servicios de intercambio de archivos habituales funcionan igual: el archivo se va a un disco ajeno, se queda allí quién sabe cuánto y vive su propia vida. Aquí es distinto. El navegador del remitente y el del destinatario se conectan directamente por WebRTC, el archivo va entre ellos, y nuestro servidor participa en un solo paso: pasa el sobre con la descripción de la conexión para que las partes se encuentren.
Ese sobre tampoco lo leemos. Contiene las direcciones IP de ambas partes, así que la página lo cifra en tu lado y la clave se queda en la parte del enlace que va tras la almohadilla; por el diseño de HTTP, esa parte nunca se envía al servidor. En nuestro lado hay durante diez minutos una cadena opaca de la que no tenemos la clave.
Si ambas partes están detrás de redes con NAT simétrico, típico del internet móvil y de los Wi-Fi corporativos estrictos, la conexión directa no se establecerá. Se arregla cambiando de red en una de las partes. El repetidor por el que suelen pasar estas conexiones no lo tenemos a propósito: a través de él los archivos ya pasarían por nosotros, y el sentido de la herramienta es el contrario. Qué corta tu red lo puedes comprobar con la herramienta de al lado.
404 VPN está hecho igual: no guardamos ni registros de visitas, ni consultas DNS, ni el contenido del tráfico. No porque lo prometamos, sino porque no hay nada que entregar ante una petición.
Cómo funciona →¿Te ha servido?
Un toque, sin registro