Una contraseña enviada por un chat se queda ahí para siempre: en el historial, en la copia de seguridad, en la nube del destinatario. Escríbela aquí en su lugar: el texto se cifra directamente en tu navegador, obtienes un enlace, y tras la primera lectura la nota desaparece. La clave vive en el propio enlace y nunca llega a nuestro servidor.
Envía el enlace al destinatario. Solo se puede abrir una vez.
El enlace solo se puede abrir una vez. No conocemos ni el texto ni la clave: un enlace perdido no se puede recuperar.
Se abrirá una vez y desaparecerá al instante. Asegúrate de que estás listo para leerla ahora.
Una cadena que no podemos leer, y su nombre. El texto se cifra en tu navegador con AES-GCM, y la clave se pone en la parte del enlace tras la almohadilla; por el diseño del protocolo, esa parte nunca se envía al servidor, solo la ve el navegador. El nombre de la nota es un hash del mismo secreto, así que de él tampoco se puede recuperar nada.
De qué protege: el secreto no se queda en la conversación para siempre, no entra en las copias de seguridad y no reaparece un año después en el historial del chat. De qué no protege: de quien intercepte el enlace antes que el destinatario. Aunque eso también lo notarás: al destinatario le llegará una nota ya quemada.
Cerca: cifrar un archivo con contraseña, si el secreto no es texto, y el generador de contraseñas.
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